Mucho se habla de que las grandes leyendas de la música fueron en su día niños prodigio.
Mozart ya era un virtuoso del piano y el violín a los seis años. Prokofiev componía ópera con nueve. Vangelis componía suites con cuatro años y Booker T. con diez ya tocaba eficientemente el piano, el órgano, el oboe, el saxofón y el trombón. Más o menos como Stevie Wonder, que ciego de nacimiento, con apenas ocho años ya tocaba el piano, la armónica, la batería y el bajo.
Todos ellos son conocidos mundialmente a día de hoy, pero uno se hace la pregunta de si hay realmente niños prodigio en este globalizado mundo.
Estos osn algunos ejemplos de niños prodigio que me parecen interesantes.
Emily Bear tiene a día de hoy nueve años. Con tan sólo uno, ya cantaba nanas con una entonación perfecta, y un año más tarde su abuela descubrió el talento que tenía delante de un piano. Con tres años ya empezó a componer su propia música (atesora ya 120 piezas). La denominan como la nueva Mozart, y es que con seis años ya tocó su primer concierto completo (de Mozart, para más inri) y tuvo además el honor de tocar en la Casa Blanca.
Igor Falecki cumplió ocho años el pasado día 8 de febrero. Nació en Polonia y su hermana mayor estudia violín. De acuerdo, quizás tenga algo que ver que su madre sea cantante y su padre bajista, pero con tan sólo tres años Igor ya tocaba la batería de manera asombrosa. En 2008 ya daba conciertos (uno de ellos en la Expo de Zaragoza) y sus contratos con Sabian, Mapex y Roland le auguran un futuro prometedor.
Quinn Sullivan por su parte, tiene diez años a día de hoy, y ya con tres tocaba la guitarra eléctrica. No mucho tiempo después compuso su primera canción, “Sing, Dance, Clap Your Hands”. En 2007 y con seis años, adquirió cierta notoriedad cuando fue invitado a tocar en un concierto del famoso guitarrista de blues Buddy Guy. Pocos meses después se codearía en el escenario con el mismísimo B.B. King. No resulta extraño entonces que con nueve primaveras ya actuara en el Beacon Theatre.
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